Estudio
en escarlata
Esta novela sir Arthur Conan Doyle nos narra la vida de
John H. Watson un médico militar ingles caído en desgracia durante la guerra de
Afganistán y como diferentes circunstancias lo llevan a conocer al
misterioso Sherlock Holmes un
investigador excéntrico, hábil y astuto,
el cual le despierta un gran interés, por su gran capacidad de razonamiento.
En la ciencia de la deducción, Holmes manifiesta que un
hombre educado en la observación y el análisis no podía ser engañado y que este
en base a detalles simples como las uñas, las manos, color de piel, la postura,
la expresión, la vestimenta y su calzado podrían decir la profesión de un
individuo, esto quedo de manifiesto cuando Holmes sin saber nada de Watson le
dijo con certeza que había estado en la milicia combatiendo en Afganistán.
Cuando Holmes
recibe una carta en la que le pedían ayuda para esclarecer el misterio del
jardín de Laureston, donde se había hallado un cadáver en una casa abandonada y
sabiendo que era un error sentar teorías sin antes disponer de todos los
elementos de juicio, puso en práctica sus métodos de investigación, observando
cada detalle (huellas, marcas, manchas, etc.), midiendo, palpando, oliendo,
examinado con minuciosidad la escena
donde aconteció el suceso, obtuvo la información suficiente para que a través
de su razonamiento deductivo y análisis, pudiera asegurar que el sujeto muerto
había sido envenenado, también estableció con gran exactitud el sexo, la estatura, la edad aproximada, el
tipo de bota y el cigarro que fumaba el asesino.
Una vez habiendo obtenido toda la información posible de
la escena del crimen, continuaron con una investigación de campo, entrevistando
al policía que descubrió el cadáver,
poniendo un anuncio con el cual pretendían atraer al asesino, pidiendo
información a otras instancias y recibiéndola de los otros investigadores.
Después de que todo el proceso de investigación que realizo
Holmes confirmo que la teoría que había elaborado resulto cierta, puso una
trampa al asesino, el cual cayo sin darse cuenta, sorprendiendo a Watson y los
demás investigadores que estaban en ese momento con él.
Las investigaciones que realizaban los detectives de
Scotland Yard se hacían de manera rutinaria, con el afán de resolver el caso
primero, prestando poca atención a los detalles, utilizando escasamente la
observación, la deducción y el análisis, que fueron los recursos con los que se
valió Sherlock Holmes para resolver este misterioso asesinato.

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